Creatividad y patología psiquiátrica: una controversia de larga data

La relación entre creatividad y patología psiquiátrica ha sido por largo tiempo un tema de activo debate. Abordado por autores clásicos como Jaspers o Kretschmer, y también contemporáneos como Andreasen o Akiskal. Al centro de la discusión se encuentra no solamente un debate puramente académico, sino que por sobre todo un modo de pensar la enfermedad mental.

PODEMOS DIFERENCIAR, al menos, dos posturas que se encuentran más o menos explícitas al discutir y fundamentar este tópico. La primera dice relación con una comprensión de la enfermedad mental como un “vehículo” a través del cual el artista accede a un estado mental propicio para la creación, ya sea durante el curso crónico de ésta o a partir de recaídas sintomáticas. Frases como “los esquizofrénicos son más inteligentes” o “ese pintor seguramente fue bipolar y en sus crisis fue capaz de generar sus conceptos innovadores” son frecuentes de escuchar a nivel de público general, en medios de comunicación masivos e, incluso, en profesionales de la salud mental. Desde mi perspectiva, existen al menos tres razones para demostrar que esta creencia es errónea. La primera es de un orden más general y comprensivo; se trata de cómo esta visión resulta reduccionista y tiende a “convertir al sujeto en su enfermedad”. Es lo que ocurre cuando se transforma una característica específica del sujeto, a saber su enfermedad, en la globalidad o característica definitoria de su existencia. Se trata, entonces, de transformar “la anécdota en la totalidad”, y es el fenómeno que se encuentra tras todo proceso de estigmatización. Ha sido esta idea la que contribuyó, en distintos momentos de la historia, a la eliminación deliberada de enfermos mentales, su reclusión o la pérdida de sus derechos civiles. La segunda razón se fundamenta en las opiniones casi unívocas de consagrados artistas en distintas disciplinas, en relación a que la generación de una obra de arte es en un gran porcentaje producto del esfuerzo y, en menor medida, de talento o “espontaneidad creativa”. Si hay algo que las patologías mentales mayores activas alteran especialmente, es la capacidad del paciente de sostener esfuerzos metódicos por largos periodos, esto debido a las alteraciones cognitivas, perceptuales, motoras y volitivas que presentan. Se derrumba, entonces, la idea del genio creativo espontaneo!! Los más connotados de la historia, como Leonardo da Vinci, Miguel Angel y Vincent Van Gogh, entre muchos otros, sostuvieron estrictas metodologías de aprendizaje y/o trabajo creativo. La última razón para refutar la idea de la enfermedad mental como causa de genialidad creativa es de un caracter más teórico, y podría esbozarse del siguiente modo: “resulta contra-intuitivo el que un sistema de orden complejo, como lo es el cerebro y sus representaciones, produzca un funcionamiento optimizado a partir de su enfermar, es decir, a partir de un mal funcionamiento del sistema”. La creatividad genial o innovadora necesita de un funcionamiento cognitivo y sensorio-motriz indemne. Los fenómenos de orden complejo, como el pensamiento abstracto y la creatividad, parecen ser el resultado de un fino equilibrio entre nuestras funciones mentales, nuestro cuerpo global, el entorno y nuestra disposición afectiva. Si el sistema se disregula o enferma, el rendimiento será más bajo y no al revés.

La segunda postura o modo de comprender la relación entre creatividad y patología psiquiátrica es, a mi entender, más acertado y podría enunciarse del siguiente modo: “aquellos artistas que cursan con una enfermedad mental resultan talentosos y creativos a pesar de su enfermedad y no gracias a ella”. Desde esta perspectiva, se reconoce a la enfermedad como parte del sujeto y no se le identifica con éste. Será, entonces, un “pintor talentoso que, además, sufre de un trastorno bipolar y ha logrado innovar a pesar de esta condición” y no un “pintor bipolar que gracias a su enfermedad resultó innovador”. Al centro está ahora el sujeto y no la enfermedad, y esto delimita por sobre todo un modo de entender el enfermar psíquico. Las miserias, dolores y, muchas veces, trágicos finales de muchos de los grandes creadores artísticos de la historia dan cuenta de seres humanos sufrientes que sacan adelante su creación artística con enormes dificultades y que, a mi entender, pudieron ser aún más prolíficos de no estar “interferidos” por largos periodos de enfermedad.

Este breve comentario tiene una doble intención. Por un lado, poner en el debate un modo de entender la psiquiatría más humano, menos estigamatizador y más acorde con las evidencias actuales de las repercusiones neuropsicológicas de los trastornos mentales en relación con la creatividad. Y, por otro, ser un “intento de rescate” de figuras históricas cuyas vidas y creaciones han sido, por algunos, comprendidas a través de una presunta enfermedad mental, muchas veces mal documentada, dejándose a un lado lo central…el hombre, su arte y el contexto social en que se desarrolló.


¿Cómo superar la baja de ánimo?

Para muchas personas la llegada del otoño e invierno es una verdadera crisis, ya que reconocen que durante estas estaciones el ánimo baja considerablemente y lo que más quieren es estar acostadas, consumiendo un mayor número de calorías y con una baja notoria del ánimo. Pero el fenómeno es mayor en las mujeres quienes afirman que la falta de luz las vuelve más tristes. Publicado en Revista Salud OK del mes de julio de 2011

SEGÚN CIFRAS una de cada diez personas (75% más de mujeres) sufre el llamado trastorno afectivo estacional, conocido comúnmente como depresión de invierno. Los estudios confirman que esto se debe a la falta de luz natural para el organismo. El efecto inmediato es que el cerebro secreta más cantidad de melatonina, hormona llamada “somnífera”, que nos vuelve más letárgicos, irritables y desincroniza nuestro reloj biológico interno.

Para el doctor Rodrigo Correa, psiquiatra y experto en trastornos del ánimo de la mujer, “desde las primeras observaciones realizadas en cuadros afectivos, es posible encontrar referencias a depresiones con exacerbaciones en invierno. Se piensa que hasta un 10% del total de las depresiones mayores pudiesen corresponder a este tipo”, señala.

Y ¿cómo se realiza el diagnóstico?

Para efectuar un correcto diagnóstico deben existir al menos 3 episodios depresivos en la misma época del año en 3 años seguidos. Es importante precisar que, según esta definición, pudiese presentarse la depresión en otra época del año y si se repite de modo estereotipado, cumplirá los criterios para un trastorno afectivo estacional. Además de esto, es frecuente observar que la depresión cede espontáneamente una vez que se llega a la primavera. Por otra parte aquellos pacientes que no presenten un patrón estacional, no necesariamente se deprimirán más en invierno, es decir entonces que no se ha demostrado que el invierno sea un factor de riesgo aislado, asociado a la génesis de un cuadro depresivo, esto con excepción de aquellos pacientes que presentan un patrón de tipo estacional, en cuyo caso esta época del año será de especial vulnerabilidad.

¿Por qué ocurre esto, qué cambios se producen a nivel cerebral?

Los cuadros depresivos estacionales ocurren preferentemente en invierno y debido a esto la primera hipótesis planteada se debe a la reducción en la intensidad y duración de las horas de luz. Estas jugarían un rol central en la patología, a través de la alteración en la fisiología normal de la Melatonina, hormona que se genera preferentemente en la noche. Los hallazgos experimentales no han sido lo suficientemente determinantes en demostrar una asociación causal inequívoca entre depresión estacional, luminosidad y alteraciones en los ritmos de secreción de la mencionada hormona. Por esta razón se han explorado otras posibilidades, siendo una de las más probables la intervención de una disrregulación de los niveles del neurotransmisor Serotonina, a nivel cerebral.

Las mujeres, siempre las mujeres

A juicio del especialista por cada hombre que es diagnosticado con depresión mayor, 3 a 4 mujeres reciben el mismo diagnóstico. Es decir las mujeres presentan depresión con mayor frecuencia que los hombres y dentro de este grupo las depresiones estacionales también se dan con mayor frecuencia en este género. “no está del todo claro que los cambios de estación sean la variable única que afecte más a las mujeres, pues éstas presentan una serie de variaciones hormonales adicionales que pudiesen influir, tales como el ciclo menstrual, el embarazo y el post parto inmediato”, señala.

¿Cuáles son los síntomas?

Los signos de alarma para el diagnóstico de depresión son la presencia de tristeza importante por al menos 2 semanas y de un modo continuo, asociado esto a la incapacidad de experimentar placer con las actividades que frecuentemente el paciente disfrutaba. A este síntoma se le denomina anhedonia. Junto a esto, pueden presentarse otros tales como alteraciones del sueño, ideas pesimistas, disminución en el peso corporal, fatiga o falta de energía y alteraciones en la concentración, atención y memoria. En el caso de un trastorno afectivo estacional se observan algunas características más marcadas durante el episodio, como un aumento en la ingesta de alimentos dulces o carbohidratos, aumento de peso, gran somnolencia y baja energía física durante el día. Ante estos síntomas resulta indispensable acudir a un especialista.

¿Qué recomendaciones puede entregar para sobrellevar este comportamiento?

Los trastornos afectivos estacionales o depresión estacional pueden ser tratados de un modo exitoso con el uso de antidepresivos capaces de modular los niveles de Serotonina cerebral. Es recomendable que quien sufra de depresión estacional sea tratado durante los meses de invierno, idealmente antes de que comiencen los síntomas y hasta la llegada de la primavera.

Otro tratamiento demostradamente útil es el uso de fototerapia, es decir la exposición programada del paciente a una fuente lumínica especial y por tiempos bien definidos. El beneficio obtenido a partir de esta técnica derivaría de la incidencia de la luz sobre los ojos del paciente, esto pues la luz o ausencia de ella, modulan a través de la retina los niveles de Melatonina secretados por la glándula pineal.

Otra recomendación de utilidad es la realización del ejercicio físico programado, el uso prudente de alcohol, la presencia de una red social de apoyo y el velar por conservar la mejor calidad de vida posible en el ámbito laboral y familiar.

Al finalizar el doctor Correa destaca que la depresión estacional forma parte a veces de lo que se conoce como el “espectro bipolar”, y que corresponde a un grupo de depresiones que deben recibir un tratamiento levemente diferente al de una depresión clásica. También cabe mencionar que este tipo de depresiones es de carácter recurrente, por lo que el tratamiento farmacológico a largo plazo es la norma. Sin embargo, en aquellos casos en que la depresión se encuentre exacerbada por situaciones vitales adversas, la asociación de farmacoterapia y psicoterapia resulta especialmente útil.


Los cuidados y apoyos que debe tener una madre de prematuro

Especialistas entregan consejos claves para enfrentar los posibles efectos psicológicos que estas mujeres pueden experimentar fruto del nacimiento de un hijo antes de lo previsto. El apoyo familiar es fundamental en esta etapa.  Publicado el 21 de junio de 2011, en La Tercera. Por María Isabel Triviño 

“LA LLEGADA DE un bebé prematuro genera una fractura en el proyecto vital de tener un hijo. El período de embarazo implica muchos cambios a nivel biológico, psicológico y social, los que se desarrollan con características específicas a lo largo de nueve meses. Con el bebé prematuro eso se ve interrumpido y, por tanto, todas esas áreas se ven afectadas”, así lo señala Sandra Ahumada, psicóloga del departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, al referirse a las consecuencias que esta situación acarrea para las madres.

En este sentido, la especialista explica que “los efectos psicológicos tienen que ver son la sensación de no haber ‘completado’ las tareas psicológicas del tercer trimestre, que son terminar el proceso de personificación del bebé. Es decir, la vivencia del bebé como ser único, distinto e independiente. Además, implica no haber concluido las conductas preparatorias del encuentro madre-bebé, como comprarle ropa, preparar su cuna y pieza y la aceptación de los propios cambios corporales”.

La psicóloga añade que “por otra parte, se ve afectado el proceso de apego madre-bebé, ya que la prematurez implica un período de separación entre ambos, el que es variable según las condiciones del bebé prematuro y que está dado por la hospitalización en los servicios de atención neonatal”.

Como consecuencia de lo anterior, Sandra Ahumada indica que la madre presenta una serie de síntomas, entre los cuales destaca la “labilidad emocional, dificultades para dormir y/o alimentarse normalmente, ánimo depresivo o ansioso, preocupaciones permanentes y recurrentes acerca del bebé, su salud y la posibilidad de muerte o daño permanente”.

Todo esto puede provocar diversos problemas: “En los trastornos de apego se evidencia una dificultad para acercarse y ‘conectarse’ emocionalmente con el bebé, para discriminar sus estados emocionales y necesidades. Todos estos síntomas son parte del proceso normal de la experiencia de ser madre de un prematuro, pero cuando la mamá se siente abrumada por ellos o se mantienen en el tiempo, a pesar de la evolución positiva del bebé, hablamos ya de cuadros clínicos que requieren atención especializada”, relata la profesional.

Al respecto, el doctor Rodrigo Correa, psiquiatra especialista en trastornos del ánimo de la mujer, cuenta que el efecto psicológico más frecuente entre estas madres es conocido como “trastorno adaptativo” o “reacción vivencial”. “Se trata de la repercusión afectiva normal que presenta una persona ante una circunstancia vital adversa o preocupante y de carácter inesperado.

En general, su duración es inferior a seis meses y pueden evolucionar favorablemente con intervenciones psicoterapéuticas o de modo espontáneo”, explica el médico.

Agrega que una segunda posibilidad es que el estrés asociado a esta vivencia, en conjunto con la desregulación hormonal que se registra después del nacimiento, desencadenen un episodio depresivo posparto.

“Dicho cuadro clínico es de especial importancia, ya que debe ser siempre tratado de un modo más enérgico para no alterar la dinámica de la relación madre-hijo. Una tercera reacción psíquica se conoce como trastorno por estrés postraumático y se refiere a un cuadro caracterizado por recuerdos desagradables nítidos y no voluntarios (flash-back) del episodio, evitar circunstancias que recuerden el evento (visita a hospitales) y un estado de alerta generalizado de tipo ansioso”, comenta el doctor Correa.

El psiquiatra acota que “si la madre evoluciona hacia un cuadro depresivo posparto, se requerirá apoyo psicoterapéutico y un tratamiento psicofarmacológico con antidepresivos. Dichos fármacos, si son bien elegidos, pasan en un porcentaje de entre 2% y 4% a la leche materna y resultan indetectables en la sangre del recién nacido. El no tratarse puede redundar en un cuadro depresivo de larga duración, afectándose negativamente la relación de apego, el adecuado cuidado del hijo y la vida en pareja”, enfatiza Correa.

Apoyo

Por su parte, el doctor Jaime Burgos, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, comenta que “en trabajos publicados se señala que 6,4% de quienes tenían a sus bebés internados en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales y estaban en grupos apoyados psicológicamente consideraban la estadía de su hijo como una experiencia extremadamente estresante, versus el 62% de aquellos que no lo tuvieron”, precisa.

Por esa razón, agrega Burgos, los padres son alentados a visitar precozmente a su hijo hospitalizado en el servicio de neonatología y tienen visitas abiertas durante toda la internación. “La atención es centrada en la familia y se estimula y se leenseña a conocer las características y reacciones de este recién nacido prematuro. Se estimula el contacto piel a piel del recién nacido mayor de 28 semanas de edad gestacional y estable, tanto con la madre como con el padre. Esta técnica, llamada ‘método canguro’, tiene beneficios para la estabilidad fisiológica del recién nacido y para el vínculo emocional entre padres e hijo”, explica el neonatólogo.

Sobre el apoyo de familiares, el doctor Rodrigo Correa indica que, como en todo proceso inesperado y traumático, compartir la experiencia y los temores con sus seres queridos les ayudará enormemente.

“La contención empática, es decir, una escucha activa, no crítica y centrada en las necesidades afectivas de estas mujeres por parte de sus familiares, resultará clave al momento de facilitar un enfrentamiento exitoso de este tipo de crisis. Por otra parte, si el recién nacido debe permanecer hospitalizado, una fluida comunicación con el equipo médico tratante les permitirá conocer claramente el estado de su hijo y las medidas médicas adoptadas, lo que siempre es mejor que la angustia generada por la incertidumbre o las propias fantasías catastróficas”, concluye el psiquiatra.


Decir adiós sin dar vuelta la página

Frente al duelo, muchas personas pueden presentar manifestaciones psíquicas o físicas como tristeza o angustia, lo que es parte de un proceso esperable ante la ausencia de un ser significativo para ellas. Publicado el 15 de abril de 2011, en La Tercera. Por Rita Núñez

LO ÚNICO INEVITABLE de la vida es la muerte, reza el dicho. Es que, tarde o temprano, los amigos, los seres queridos o alguna persona cercana dejan de formar parte de nuestra historia personal y, ante ello, no hay mucho que hacer.

Este momento implica un impacto emocional de alta intensidad, que puede estar asociado a manifestaciones psíquicas o físicas muy fuertes. La tristeza y la soledad profundas o la angustia, los trastornos del sueño y las dificultades para desenvolverse en la vida diaria, desde el punto de vista social y laboral, son algunas de ellas.

Sin embargo, durante los últimos años, la idea de que el duelo es un proceso pasivo que hace que la persona transite por una serie de etapas definidas y secuenciales ha perdido validez. “Los estudios han demostrado que todas las personas viven su duelo de manera diferente, dependiendo de factores culturales, religiosos o de sus características de personalidad, entre otros”, explica el psiquiatra Rodrigo Correa, especialista en trastornos del ánimo.

Qué es

Hoy se sabe que el duelo es un proceso “activo”, a través del cual se busca lograr una adaptación o reordenación de la vida para continuar con una existencia digna y satisfactoria. Para el doctor, existen distintos factores que influencian la manera de vivir un duelo. Por una parte, está la característica de personalidad: “Una persona melancólica tendrá, posiblemente, más dificultades en la elaboración de un duelo respecto de quien no presenta ese tipo de personalidad”, dice el facultativo.

En otro ámbito, está la presencia de una vida espiritual activa, puesto que, como señala el doctor Correa, “existen estudios bien diseñados que demuestran que quienes tienen una vida espiritual, privada o social, se encuentran mejor preparados para afrontar estas dificultades”.

Por otro lado, la presencia de una red de apoyo social efectiva es importante, lo que se relaciona con familiares o amigos que acompañen empáticamente a la persona para tener más posibilidades de evolucionar bien en el duelo.

Y también ayuda la existencia de áreas de interés, ya sea laborales o recreativas, que le permitan a quien ha experimentado una pérdida distraer su atención.

Estar alertas

En algunos casos, es posible que se desencadenen trastornos psiquiátricos. Lo más común es el episodio depresivo, que se puede producir dentro de los seis meses siguientes a la pérdida. Asimismo, “en otros pacientes se inician o exacerban cuadros ansiosos o crisis de pánico, abuso de alcohol u otras drogas y descompensaciones de cuadros médicos de base, como hipertensión arterial o diabetes”, cuenta el doctor Correa. Por ello, es importante pesquisar la presencia de una depresión mayor, la que -sin tratamientopuede volverse crónica, profundizarse y también progresar hacia ideación o intentos suicidas. Uno de los grupos especialmente vulnerables frente a este panorama es el de los adultos mayores que enviudan y no cuentan con una red social adecuada.

Entre los síntomas de alarma a los que hay que estar atentos destacan la duración prolongada de las manifestaciones comunes, especialmente si éstas no van disminuyendo con el tiempo; la aparición de ideas suicidas que alcancen cierto grado de planificación, también el abuso de sustancias (alcohol y drogas), las dificultades importantes en el funcionamiento social y laboral, y síntomas físicos marcados que no disminuyen en el tiempo. A ello se suma que “podrían no estar estas condiciones, pero aun así la persona afectada se siente ‘atrapada’ y sin posibilidad de continuar su vida, caso en el cual es absolutamente válido acudir por ayuda profesional”, sostiene Rodrigo Correa.

En ese sentido, “mi recomendación es que todos aquellos pacientes que pesquisen los ‘síntomas de alarma’ consulten a un psiquiatra para recibir una atención apropiada a su dolencia”, precisa.


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